
¿Qué estamos consiguiendo en San Pedro de Masahuat y San Luis La Herradura?
Llevar a cabo un proyecto de cooperación no es algo sencillo. El proceso requiere de financiación, personal técnico especializado, coordinación entre las organizaciones que lo ponen en marcha, diseño de estrategias para hacer frente a posibles incidencias y un largo etcétera. También requiere de momentos de evaluación, para conocer los logros alcanzados, posibles puntos de mejora, aciertos de los que aprender para futuros proyectos,… Estos espacios en los que paramos para ver cómo lo estamos haciendo suelen ser especialmente motivadores, ya que salen a la luz, y se comparten, los resultados de meses de trabajo y esfuerzo.
Una de las actividades en las que ha estado centrado nuestro equipo en las últimas semanas es precisamente analizar uno de nuestros proyectos en El Salvador, ya que se cumple la mitad de su periodo de ejecución. Se trata de “Promoción de un modelo de desarrollo económico equitativo y sostenible, con enfoque de género, de las comunidades pesqueras y agrícolas salvadoreñas del Departamento de La Paz”, que desarrollamos junto a Fundación CORDES y que está financiado por el Ayuntamiento de Madrid a través de su convocatoria de subvenciones de cooperación al desarrollo del año 2023.
De este proceso salen datos e información que reflejan el buen trabajo realizado y que nos motivan a continuar con nuestro compromiso con la población de San Pedro Masahuat y San Luis La Herradura, sobre todo con la que se encuentra en situación de elevada vulnerabilidad económica y frente a la seguridad alimentaria, y muy especialmente aquellas que no tienen acceso a un empleo digno y a alimentos suficientes y diversificados para sus familias: mujeres, mayores, personas con discapacidad, hombres que no tienen conocimientos para aumentar la producción de sus fincas, así como niñas y niños, muchos de ellos de familias monomarentales.
A través del proyecto, y en línea con los ODS 2 y 12 de la Agenda 2030 que lo orientan, estamos consiguiendo mejorar la alimentación de estas personas, así como sus economías, ya que la producción de excedentes de alimentos permite su venta y la generación de ingresos. Para ello se han puesto en marcha parcelas milpa, en las que se cultiva maíz diversificado con hortalizas y legumbres, además de huertos orgánicos y fincas frutales. Todo ello ha mejorado la producción agrícola de las familias con las que trabajamos, en un escenario para el sector primario crecientemente complejo debido al incremento del precio de los insumos agrícolas y los efectos del cambio climático. A este respecto hay que destacar que la zona se vio afectada por la tormenta Alberto, como ya contamos en una noticia anterior, y posteriormente por la tormenta Sara que también tuvo impactos muy relevantes en los cultivos de maíz, frijol mono, pipián y ayote.
El trabajo relacionado con la producción agrícola se hace bajo el principio de una relación sana y cercana con la tierra, respetando el ciclo natural de las plantas. En las parcelas milpa se utilizan semillas criollas de variedades adaptadas al clima y el terreno, lo que permite reducir la compra de insumos químicos y sustituirlos por otros de origen orgánico, con el consiguiente ahorro de costes y beneficio medioambiental. Con ese mismo objetivo, las fincas frutales se gestionan con técnicas agroecológicas, al igual que los huertos.
Estos últimos se están implementando en los patios de las casas o en parcelas y se destinan, principalmente, al cultivo de hortalizas. Los huertos permiten cubrir necesidades alimentarias de los hogares, reducen los costes de las unidades familiares, permiten acceder a una mayor diversidad de alimentos que son más nutritivos, ya que se consumen frescos, e incluso mejoran la convivencia familiar.
También con el foco puesto en la mejora de la seguridad alimentaria, se han puesto en marcha módulos de gallinas mejoradas. Se trata de un tipo de aves que son especialmente resistentes al cambio climático y las enfermedades y que ofrecen mejores rendimientos que las razas tradicionales. La cría de gallinas es habitual en esta zona de El Salvador, aunque suele realizarse sin atención a su cuidado, lo que limita la producción de carne y huevos. Por ello se ha facilitado capacitación en materia de alimentación, vacunación y otros cuidados.
En lo que respecta al medio ambiente, y como contribución al ODS 13, se ha prestado especial atención al cuidado de los bosques. En esta zona de El Salvador la demanda de leña contribuye a la deforestación, ya que un porcentaje muy importante de la población depende de este recurso para la generación de energía. Por ello se están realizando siembras de bambú, que además de leña permiten el acceso a un recurso que se utiliza para la construcción de viviendas y muebles, y de otros árboles con los que se han creado pequeños bosques energéticos para la obtención de madera por parte de las familias beneficiarias del proyecto.
Por último, esta iniciativa contempla una atención especial al ODS 5. La escuela de género es una de las actividades en este sentido que ya está completamente implementada. En ella 60 mujeres de la zona, principalmente con bajo nivel académico y dedicadas a la agricultura o la pesca artesanal de subsistencia, se han formado sobre varios temas relacionados con la igualdad como el empoderamiento, la violencia conta las mujeres o la normativa y legislación para erradicar la discriminación por razones de género.
Todos estos avances son un pequeño motivo de celebración por la mejora de las condiciones de vida de cientos de personas vulnerables de El Salvador, aunque somos conscientes de que queda mucho camino por recorrer para que alcancen unos niveles de desarrollo adecuados. En ello seguiremos trabajando en la segunda parte de este proyecto y en iniciativas futuras en este país centroamericano.