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Guacamayas, un modelo de resiliencia, equidad y sostenibilidad

En el corazón de la vereda Guacamayas el proyecto «Superando los impactos del COVID-19 y alcanzando los ODS en La Larga y Tumaradó, Colombia: hacia una sociedad medioambiental sostenible y prevención del cambio climático, con enfoque de DDHH y género» sigue avanzando en sus actividades, resultados y objetivos. Se trata de una iniciativa que desarrollamos junto a la Fundación Forjando Futuros y con la financiación del Ayuntamiento de Madrid.

Dentro de sus líneas de trabajo, la formación se constituye como un elemento esencial. Gracias a ella, la comunidad ha abrazado un camino de transformación profunda que le ha permitido superar los desafíos impuestos por la pandemia del COVID-19 y avanzar en la construcción de un futuro basado en la equidad, la sostenibilidad y el bienestar colectivo. Todo ello se refleja en avances en varios de los objetivos de la Agenda 2030, como el 5, el 6 o el 15.

 

Sembrando semillas de cambio: empoderamiento desde la infancia

Un total de 27 niños y niñas de la zona se han convertido en auténticos agentes de cambio, aprendiendo sobre prevención de riesgos, autocuidado, cuidado del medio ambiente y resolución pacífica de conflictos. A través de juegos, arte y experiencias prácticas, como visitas a la huerta y observación crítica del medio ambiente, estos líderes y lideresas desarrollaron habilidades y fortalecieron su conexión con el entorno y la comunidad. Además, fueron sensibilizados sobre temas como la prevención de enfermedades y la equidad de género, dejando reflexiones importantes sobre cómo los niños y niñas también pueden aportar a la equidad en sus familias.

«Cuando juego o realizo las tareas de la escuela organizo el espacio donde trabajo, así como mi cuarto, para irme a dormir, porque he aprendido que yo como niño también debo realizar algunas de las tareas de casa y no son sólo tareas de mamá, a la cual agradezco por todo el cuidado recibido por ella», expresa Ángel Gabriel Montes, uno de los participantes.

Y gracias a esta actividad, sus mamás, han podido asistir a las formaciones planteadas para ellas, sin que esto supusiera una carga añadida de trabajo.

 

Tejiendo equidad: diálogos transformadores entre hombres y mujeres

La formación desarrollada a través del proyecto no se limitó a la infancia. Paralelamente al trabajo con las y los más jóvenes, se realizaron procesos de formación con 38 personas adultas, incluyendo líderes de la comunidad y funcionariado local, quienes participaron en espacios de diálogo y reflexión en los que exploraron las desigualdades de género, tomaron conciencia sobre diferentes situaciones de violencia, y reconocieron el impacto diferencial de la falta de acceso al agua y saneamiento sobre las mujeres con respecto a los hombres. 

«Habíamos normalizado situaciones que son violencias. Por ejemplo: la violencia psicológica encierra mucho más de lo que pensábamos, como la manipulación, la humillación, controlar, entre otras cosas», explicó una de las participantes.

Contar con un espacio para compartir experiencias, tanto de manera personal como colectiva, permitió analizar cómo las acciones cotidianas pueden contribuir a la lucha contra la violencia hacia las mujeres. Además, quienes participaron socializaron acciones concretas que van a llevar a cabo para seguir el camino hacia la equidad, tales como: que todos los miembros de la familia se involucren en las tareas domésticas, manifestar cualquier forma de discriminación o violencia de género, compartir la información sobre la equidad de género con familiares, amistades y vecindad, y animar a las niñas de la vereda a seguir sus sueños y aspiraciones, sin importar los estereotipos de género.

«Nos han dicho qué debemos hacer los hombres y qué las mujeres, pero lo natural es que todos aportemos por igual, eso no nos hace ni más ni menos que otra persona», afirmaba uno de los hombres participantes.

 

Agua segura para todos y todas: un compromiso comunitario

La gestión del agua es un eje central de este proyecto. Un taller formativo y de sensibilización fortaleció la conciencia sobre el uso eficiente de ésta y sobre la importancia del agua potable para dignificar la vida, un derecho fundamental que deben seguir defendiendo, tanto a nivel individual como comunitario.

Las familias adquirieron habilidades para el mantenimiento de los sistemas de potabilización, que fueron instalados como parte del proyecto, y se establecieron compromisos colectivos para la preservación del recurso hídrico. 

Esta participación activa de hombres y mujeres no solo ha contribuido a garantizar una gestión más equitativa y sostenible del agua, sino que también fortalece el liderazgo femenino y promueve la equidad de género en todos los ámbitos de la vida comunitaria.

«El acceso al agua segura ha transformado mi hogar y mi comunidad. Antes las enfermedades nos afectaban constantemente y las largas caminatas para conseguir agua nos agotaban. Ahora tenemos agua para cocinar, lavar y mantenernos saludables. ¡Es un cambio que nos ha llenado de esperanza y bienestar!» manifiesta una de las mujeres participantes en el proceso.

 

Gestión comunitaria: un modelo sostenible

La comunidad de la vereda Guacamayas demostró su capacidad para organizarse y gestionar sus recursos al constituir la Comisión Guacamayas–Madrid como grupo destinado a hacer seguimiento al buen uso de los sistemas de agua y saneamiento instalados, e impulsar las acciones colectivas para su correcto mantenimiento y permanencia en el largo plazo.

La Comisión se organiza en subgrupos de gestión para realizar acciones concretas de mantenimiento de los sistemas de agua y saneamiento. Para cada uno de ellos se definieron roles y responsabilidades, garantizando la sostenibilidad de dichos sistemas y la participación activa de todas las personas beneficiadas por los servicios. 

«Al principio me sentía un poco abrumada por la responsabilidad de participar en la Comisión, pero gracias a los subgrupos me he sentido apoyada y motivada. Hemos aprendido juntos sobre la importancia del agua y el saneamiento y hemos trabajado en equipo para encontrar soluciones a nuestros problemas. Los subgrupos han sido como una familia para mí, un espacio donde puedo compartir mis inquietudes y aprender de los demás», afirma una de las integrantes. 

 

Concluimos: logros que inspiran

Como decíamos más arriba, la formación es un elemento clave del proyecto. Gracias a ella se ha avanzado en el empoderamiento intergeneracional y niñas, niños y personas adultas vieron incrementadas sus capacidades de agencia y liderazgo; se transformaron relaciones, haciendo visibles situaciones de violencia y promoviendo la equidad de género en los hogares y la comunidad; se ha garantizado el acceso al agua potable y se ha mejorado la gestión comunitaria del recurso; y se ha fortalecido el tejido social, creándose espacios de diálogo y colaboración. 

Por todo ello podemos decir que la comunidad de Guacamayas se ha convertido en un modelo de resiliencia, equidad y sostenibilidad. Su experiencia demuestra que, a través del diálogo, la educación y la acción colectiva, es posible construir un futuro donde la ciudadanía pueda prosperar en armonía con el medio ambiente.

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